sábado, 2 de abril de 2022

Historia de un viaje a la nieve: y día 3.

Tras esquiar el segundo día y darnos una ducha reparadora, nos juntábamos todos en el salón del albergue para dar las informaciones referentes a maletas y limpieza de habitaciones, ya que al día siguiente tendríamos que abandonar el alojamiento por la mañana. Sin embargo, algo llamaba la atención a través de las ventanas...comenzaba a nevar. Y los copos, que empezaron siendo pequeños y ligeros, aumentaron su tamaño considerablemente y en pocos minutos empezaba a cuajar en los coches y los tejados. Solo pedíamos que continuara nevando así unas horas y al día siguiente saliera el sol.

Y a la mañana siguiente...




¡Una nevada de más de 20 centímetros cubría todo el pueblo! Eso sí, todos teníamos que echar una mano para acondicionar el suelo y poder emprender nuestro viaje.


¿Quién dice que los políticos no trabajan? Ahí estaba Juanjo, pala en mano, abriendo camino.

Y esta oportunidad no se podía desaprovechar. Mientras los profesores y guías se informaban de las previsiones del tiempo y del estado de la estación, los alumnos salían a la calle y comenzaban las batallas de bolas y juegos en la nieve. Alguno decía que prefería estar en clase de Filosofía con Javier Ledo, pero no sé si será verdad. Habrá que creerles...









Hasta los animales querían disfrutar del momento.




Las noticias desde la estación eran buenas y emprendimos el trayecto para comenzar a esquiar. Sin embargo, ¿qué historia no tiene sus momentos de suspense y acción? A los pocos minutos de salir el tiempo cambiaba, el cielo se cerraba y comenzaba a nevar de nuevo. La nevada era digna de abrir los telediarios, pero bueno, es lo normal a 1 de abril. ¿O no?

Desde ese momento, todo lo que veíamos era blanco. Daba igual que la quitanieves fuera delante de nosotros, a los pocos segundos el viento y la nieve volvían a teñir de blanco la carretera. Y a la llegada a la barrera que abre el parking de Alto Campoo, el autobús se queda atorado y las ruedas patinaban cada vez que intentaba acelerar. Increíble, estábamos a 300 metros de nuestro destino y no podíamos avanzar. La única solución era que la quitanieves de la estación nos remolcara...

Los alumnos se bajaron del autobús y se fueron caminando entre la nieve y la ventisca con David hasta el edificio de la estación. Mientras tanto, Juanjo se quedaba ayudando a los conductores a preparar todo y remolcar el autobús. Eran momentos de nervios en medio de la nieve.

Gracias a Dios, tanto el bus consiguió salir como los alumnos llegar al edificio principal. Todos estábamos sanos y salvos y lo peor había pasado ya. Era evidente que no se podía esquiar y la decisión que se tomó fue comer los bocadillos pronto, entregar los certificados de nivel alcanzado y emprender la marcha cuanto antes, por si emperoraban (más) las condiciones climatológicas.





El tiempo mejoraba un poquito y aprovechábamos para salir con una quitanieves abriendo camino y emprendíamos el viaje de vuelta, llegando a las 18:30 a Salamanca.

FIN

Aprovechamos la entrada de este blog para agradecer a los alumnos su buen comportamiento y ganas de esquiar, así como a las familias su interés y predisposición para que todo saliera con éxito.

¡OS ESPERAMOS DE NUEVO EL PRÓXIMO CURSO!





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